Cuando alguien se encuentra ante situaciones emocionales, de cualquier tipo, las personas profesionales en psicología instan a seguir una cadena que, los seres humanos como seres racionales, pueden aprender en pro de una sana existencia. Esta cadena es la de pensar, luego sentir y por último actuar. Lo anterior se trae a colación porque solo por el hecho de ser conciudadanos de Costa Rica, se puede ser muy crítico de las intervenciones que otras personas, con perfiles profesionales en arquitectura, ingeniería y conservación, han llevado a cabo en inmuebles con declaratoria de Patrimonio Histórico Arquitectónico. Pero, dicho acto de crítica debería iniciar como un proceso de pensamiento y de análisis, basado en el conocimiento; lo cual, lleva tiempo pues se debe recabar la información, contrarrestar dichos datos con principios técnicos, con teorías científicas, con casos similares, etc. Solo después de esto, se puede dar el tiempo para entender los sentimientos generados al respecto, para luego, argumentar y actuar según corresponda.
No importa el inmueble, si este posee valores reconocibles por algún grupo humano, cualquier trabajo que se realice en este, por sencillo que sea, desde pintarlo hasta consolidar estructuralmente parte o todo el edificio, moverá emociones en aquellas personas sensibles ante la importancia de nuestro patrimonio. Según este contexto, y sin la intención de provocar discusiones interminables por redes sociales, se insta a las personas que leerán los siguientes párrafos a no creer, a corroborar todo lo que encontrarán en el texto, a analizar los trabajos que aquí se describen y hasta ese momento, dejarse sentir y de último tomar acción, para construir y no para lo contrario.
Este texto pretende alejarse de un lenguaje académico o técnico muy formal, con el fin de describir el trabajo del lugar donde ocurre la magia en el edificio más emblemático de nuestro país: la caja mágica del Teatro Nacional de Costa Rica. Además, la descripción no es totalmente técnica pues no se cuentan con los modelos y los planos de taller al momento de redactar este artículo. El proyecto que se abordará en las siguientes líneas se describe como la adecuación tecnológica del escenario y tramoya del Teatro Nacional de Costa Rica, y fue liderado por el Arq. William Monge Quesada, del Departamento de Conservación del Teatro, pero, como en todo el trabajo de gran envergadura, se involucraron muchas otras personas de diferentes disciplinas ligadas a la conservación, la arquitectura y la ingeniería. Esta descripción se basa en distintos documentos, así como en charlas técnicas y comunicaciones personales, entre estas últimas la que se mantuvo durante una visita que realizaron integrantes del Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio en Costa Rica (CICOP-CR), el 16 de diciembre del 2021, gracias a la invitación de doña Karina Salgero Moya, directora general del Teatro Nacional de Costa Rica; la cual estuvo acompañada del Arq. Monge Quesada, de la restauradora Natalia Cordero Villalobos, del coordinador de escenarios y de operación de tramoya el señor Telémaco Martínez, así como de personal del departamento de comunicación y de la secretaría ejecutiva.
La tramoya se puede describir como ese espacio que envuelve literalmente al escenario y que, en conjunto con múltiples mecanismos, sirve al Teatro en la ejecución de todo lo concerniente a un espectáculo, como los cambios de escenografías o decorados, así como luces y más efectos especiales; es ese lugar donde ocurre la magia que ven todas las personas que se sientan en cualquier localidad de la gran sala del Teatro. Detrás, por debajo y por arriba ocurre de todo, y trabajan muchas personas para que, quienes estén expectantes, puedan vivir momentos mágicos. Según Gei-Brealey y Romero-López (2022) la tramoya es una estructura de madera y cerchas de hierro con una planta rectangular de 10,0 por 15,0 metros (10 m en los costados norte y sur, 15 m en los costados este y oeste), con una altura de 16 m sobre el escenario. Estos autores indican que el hierro fue comprado en Bélgica, y que la estructura fue prefabricada en Inglaterra con una parrilla de madera donde se fijan todos los elementos escénicos.
Previo a la descripción del proyecto, no está de más recordar que el Teatro Nacional de Costa Rica es un edificio declarado Monumento Nacional desde el 24 de diciembre de 1965; se declaró Institución Benemérita de las Artes Patrias el 24 de setiembre de 1998 y es el único inmueble oficializado como Símbolo Nacional de la República desde el 5 de febrero del 2018. Ahora, un poco de contexto para entender el funcionamiento del inmueble. El Teatro fue inaugurado en 1897 como un edificio de ópera de estilo ecléctico, pero con un diseño funcional que, según Santamaría-Montero (2017), responde al arquetipo del modelo teatral francés. Este autor explica que el Ingeniero Nicolás Chavarría, profesional a cargo de la obra desde 1890 y durante los primeros cuatro años de su construcción, justificó el diseño final del Teatro Nacional utilizando argumentos basados en el tratado técnico “El Teatro”, escrito por el arquitecto Charles Garnier en 1871, así como de otros autores de la época. De acuerdo con la explicación de Santamaría-Montero (2017), y parafraseando a este autor, es clara la organización funcional del inmueble, con una planta de tres cuerpos, el primero de vestíbulos y escaleras, donde en la segunda planta se encuentra el “gran salón” o foyer; en el centro del edificio se encuentra el segundo cuerpo, el de la gran sala junto con el escenario y, por último, el sector administrativo que, en el caso del Teatro, envuelve al escenario de planta cuadrada por tres de sus costados: los laterales y el posterior. Básicamente el escenario y la tramoya pertenece al segundo cuerpo, pero está abrazado por el tercero; de ahí que cualquier trabajo de adecuación o de restauración es una labor muy compleja, pues esta no debe romper el hilo histórico del inmueble.
Pero ¿por qué adecuar tecnológicamente el escenario y tramoya del Teatro? Según el Artículo 5 de la “Carta Internacional sobre la conservación y la restauración de monumentos y sitios históricos”, o Carta de Venecia (1964) se indica que, la conservación de monumentos siempre resulta favorecida por su dedicación a una función útil a la sociedad. Teniendo esto en mente, y según el criterio de personas expertas en conservación, garantizar el uso del inmueble patrimonial permite el poder gestionar los procesos que garantizan la permanencia física de este a lo largo del tiempo, lo cual justifica la decisión de mantener la función teatral de nuestra Institución Benemérita y Símbolo Nacional. Ahora bien, conservar dicha función implica adecuar al Teatro al tipo de espectáculos actuales, sin que esto signifique un daño a la infraestructura ni al hilo histórico de esta, y que al mismo tiempo garantice su permanencia en el mercado cultural; ya que, además de la dimensión ambiental y social, es importante prestar atención a la dimensión económica si se plantea seriamente la sostenibilidad del Teatro.
A continuación, se describirá parte del trabajo para la adecuación del escenario y tramoya del Teatro Nacional. Se subraya el hecho que será solo una “parte”, ya que la nueva tramoya metálica forma parte de un proyecto complejo: el Plan Integral de Conservación del Teatro Nacional, y como en todo gran proyecto, este se compone a su vez de distintos sub-proyectos o etapas; por tanto, las fases finalizadas son las que se describen en el presente texto. Según el Arq. Monge Quesada (comunicación personal, 16 de diciembre del 2021), el proyecto tiene distintos objetivos, entre estos liberar de peso a la tramoya histórica, ya que previo al proyecto esta soportaba entre 25 y 28 toneladas, lo cual la colocaba en un estado de vulnerabilidad. Otro objetivo es mejorar la acústica, tanto para comodidad de las y los músicos, como de las personas que asisten a los espectáculos, mediante la futura colocación de una nueva estructura de reflexión acústica.
De la mano de la presentación realizada por los ingenieros Gei-Brealey y Romero-López (2022) se presenta a continuación un resumen de los hechos que permiten contextualizar temporalmente el proyecto de la nueva tramoya metálica. Como es bien sabido, el Teatro Nacional fue inaugurado en 1897, algunas fuentes indican que entre 1921 y 1922 se cambió en su totalidad toda la estructura en madera de la tramoya, debido a que estaba carcomida por las termitas, sin embargo Gei-Brealey y Romero-López (2022) datan que este hito fue en 1923, pero se puede indicar que desde principios de la década de 1920 se contaba con una “nueva” estructura en madera de la Tramoya y no la original. Como ya se mencionó, en 1965 el inmueble es declarado como Monumento Nacional, luego entre 1977 y 1989 se le instalaron las barras de luces, en 1992 se realizó el refuerzo estructural de las llamadas cerchas madrinas o cadenas principales de tramoya, debido al terremoto ocurrido un año anterior. Veinte años después, en 2012 se realizó un análisis de la capacidad estructural de la tramoya y en el 2013 se propone el diseño del proyecto de adecuación tecnológica.
Para entender la magnitud de dicho proyecto es importante recordar, como se indicó anteriormente, que el escenario está rodeado por el cuerpo administrativo del Teatro; es decir, camerinos, oficinas y distintas dependencias lo envuelven; todo esto diseñado para soportar las cargas del diseño original, por tanto, colocar una estructura nueva implicaba que esta no representara una carga adicional, que fuera independiente y que no constituyera un peligro para la estructura histórica. En otras palabras, se propuso el diseño de una nueva estructura metálica autoportante y exo-esquelética, que cumpliera con el principio de reversibilidad en inmuebles históricos; es decir que, si en otro momento histórico se determina la necesidad de desinstalar la estructura, hacer que esto sea posible. La reversibilidad se cumple gracias a que se propuso una estructura apernada, sin conexiones soldadas en sitio.
Pero eso no es todo, el proyecto no solo pretende proteger la integridad física de la tramoya histórica, si no también, el oficio del tramoyista. Por lo cual, la propuesta no fue construir una nueva tramoya que sustituyera a la anterior, y que esta fuese una especie de pieza de museo; si no que, se propuso el concepto de tramoya dual, lo cual se considera innovador, pues no solo moderniza la operatividad de un montaje de nuestro siglo, según las exigencias de las distintas compañías de teatro, ópera o danza, combinándolo con la operación y oficio manual de la tramoya histórica.
Continuando con la descripción de Gei-Brealey y Romero-López (2022), en el 2013 se realiza la consultoría por parte de Theater Projects sobre la modernización de la caja escénica, y es entre ese año y el 2014 que iniciaron los trabajos de construcción de la primera etapa de la caja escénica y nuevo piso del escenario actual, cuya empresa constructora fue Industrias Bending S.A. Esta primera fase contempla; además de propiamente la estructura y el piso del escenario; una cimentación articulada compuesta (de arriba hacia abajo) por cuatro marcos estructurales que soportan tanto la tramoya metálica como el escenario, así como placas aisladas para cada pedestal y pilotes helicoidales.
A continuación, se describe con más detalle lo anterior, pero desde lo más profundo hasta la superficie del escenario. Como se mencionó, la tramoya en planta es un rectángulo de 10.0 por 15.0 metros, para la cual se diseñaron ocho apoyos en total, cuatro en cada esquina del rectángulo y otros dos distribuidos equidistantemente a cada lado largo del rectángulo. Para soportar las cargas de compresión y tensión, se colocaron pilotes helicoidales metálicos; dos de estos en cada apoyo esquinero, mientras que los otros puntos del medio cuentan con solo un pilote helicoidal. Estos pilotes helicoidales se encuentran a una profundidad entre ocho y once metros. Luego se hicieron las placas para cada punto y se elevó un pedestal de aproximadamente tres metros desde la unión con los pilotes hasta unos 60 centímetros, aproximadamente, sobre el nivel de piso de la fosa del Teatro.
Según Gei-Brealey y Romero-López (2022), en los extremos cortos o transversales del rectángulo se colocaron dos marcos estructurales de perfiles W de acero ASTM A572 grado 50 y ASTM500 para perfiles HSS; cada marco apoyado en dos de las esquinas del rectángulo. Luego en el medio, siguiendo la misma dirección de los marcos externos, se colocaron otros dos marcos adicionales ASTM A572 grado 50, apoyados en los pedestales ubicados en los lados largos del rectángulo. Además, se generó una cuadrícula de soporte tubular A570-33 apernada. Siguiendo con lo descrito por Gei-Brealey y Romero-López (2022), el piso del escenario es un conjunto de capas de plywood entrelazadas con soportes metálicos, en donde se emplean aisladores de neopreno para convertir el entrepiso en un gran diafragma que mejore el sonido. Además, se calculó el entrepiso del escenario con una carga temporal de diseño puntual de 750Kg/m2, lo cual corresponde a que el entrepiso del Teatro puede soportar el peso de un elefante. Entre los años 2016 y 2017, como lo indican Gei-Brealey y Romero-López (2022), se cubre con mortero ignífugo la estructura metálica, para protegerla de altas temperaturas en caso de siniestros y así evitar el colapso estructural, además se construyen los risers y gabinetes contra incendios. Luego, según estos autores, entre el año 2017 y 2018 se realizó el diseño estructural de la nueva tramoya metálica a cargo de Schuler Shook y el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).
Entre finales del 2019 e inicios de 2020, la Escuela de Ingeniería Forestal en conjunto con la Escuela de Arquitectura y Urbanismo del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), realizaron el diagnóstico de las piezas de madera de la tramoya histórica del Teatro Nacional de Costa Rica. Trabajo que contempló la catalogación de toda la estructura en madera de la tramoya y el levantamiento bidimensional de los tres niveles de dicho espacio, que incluye el piso de utilería, puente de utilería, plataformas de tramoya y peine de tramoya con un área interna total de 900 m2 aproximadamente. Este trabajo permitió identificar de cada elemento de madera de la tramoya, su ubicación según el nivel en que se encontraba, registrar su largo, ancho y espesor en centímetros, identificar el grado de humedad y su estado de preservación o el tipo de daño que presentaba en el momento del levantamiento.
Paralelo a esto, según Ing. Manuel Romero López (2022), entre el 2019 y 2020 como parte de algunos proyectos de graduación de la Universidad de Costa Rica, se realizó el escaneo láser del Teatro, obteniendo como resultado una nube de puntos, o un conjunto de vértices con coordenadas X, Y y Z, es decir, en un sistema de coordenadas tridimensional, y que son representaciones de la superficie de un objeto real, en este caso del Teatro Nacional, a cargo del Ing. Romero López. Además, en este periodo y en el marco de los proyectos de graduación ya mencionados, se realizó el modelado arquitectónico y estructural de varias secciones del Teatro, entre estos el de la tramoya, ejecutado por la Ing. Carolina Murillo Hidalgo, permitiendo una catalogación precisa de estos elementos del inmueble, lo cual, junto con lo realizado por el TEC, sirvió de insumo para continuar con el trabajo de la nueva tramoya metálica. Luego en el 2021, el consorcio Ibsa-Yeril realizó el modelado de la nueva estructura metálica, así como los planos de taller. Por otro lado, la empresa GEOINN realizó el análisis de interferencias entre la nube de puntos de la tramoya y el modelo del diseño estructural. Este análisis de interferencia se puede resumir como la identificación de choques o colisiones entre el modelo del diseño de la nueva tramoya y la representación de la estructura histórica mediante su nube de puntos, uniendo ambos modelos digitales en uno solo. De esta manera se pudieron hacer los ajustes necesarios en el modelo tridimensional de la propuesta y por ende en los planos de taller, minimizando al máximo los problemas a la hora de construir la nueva tramoya. Según Gei-Brealey y Romero-López (2022), al disponer de modelos tridimensionales de la estructura existente y de la propuesta, se logró que el despiece de lo diseñado cumpliera con la viabilidad constructiva de la nueva tramoya metálica.
Entre finales del 2021 e inicios del 2022 se realizó la ejecución de la segunda etapa: la construcción de la estructura metálica de la tramoya. Cada elemento de la tramoya fue construido, armado, revisado y aprobado previamente en taller. Una vez se contaba con el visto bueno, cada pieza fue llevada al Teatro Nacional, ingresando por el tercer cuerpo del Teatro, específicamente, por una ventana sobre la puerta de acceso de artistas. Se utilizaron grúas únicamente para trasladar las piezas del camión al interior del teatro, afectando el cierre de la Calle 5, entre Avenida 0 y 2 de la ciudad de San José, entre las 6:00 am y 8:00 am. Una vez adentro, cada pieza era montada únicamente mediante la ayuda de andamios, tecles o equipo para izar y fuerza humana.
La estructura se puede describir como marcos rígidos de acero, cuyas columnas están ubicadas en las esquinas del rectángulo de 10,0 por 15,0 metros, que se eleva hasta los 16,0 metros, pero antes, sobre la boca del escenario cuenta con una viga americana que une las cuatro columnas, generando un anillo. Luego, unas decenas de centímetros más arriba, antes de las cerchas madrinas de la tramoya histórica, hay otro anillo compuesto por vigas H; y, por último, justo sobre el peine de madera de la tramoya histórica, se compone la estructura final, un anillo similar al primero pero que no posee arriostres y que se adecúa a las cerchas originales de la tramoya, principalmente en el costado este, pasando entre ellas a una distancia aproximada de dos centímetros. En la parte superior de este último anillo, dentro del propio rectángulo superior de este, hay nueve vigas H que pasan trasversalmente, uniendo los lados largos del rectángulo. Una de estas vigas está ubicada justo en el centro, otras cuatro a cada lado de esta, y están distribuidas según la futura mecánica teatral.
Actualmente la nueva tramoya metálica sostiene el peso de las cinco barras de luces de la tramoya, pero en un futuro, según Arq. Monge Quesada (comunicación personal, 16 de diciembre del 2021), sobre la estructura metálica estará la mecánica teatral y una parrilla de fibra de vidrio junto con equipo mecánico. Como lo indican Gei-Brealey y Romero-López (2022), la finalización de la nueva estructura metálica no marca el hito de cierre del proyecto. Se deben instalar los cables y poleas de todos los componentes teatrales que permitieran efectivamente descargar la tramoya histórica.
Como se puede apreciar por todos los párrafos anteriores, la adecuación tecnológica del escenario y tramoya del Teatro Nacional de Costa Rica es un proyecto complejo, pero que fue concebido desde una rigurosidad técnica que ha permitido que se conserve el hilo histórico de nuestro Monumento y Símbolo Nacional. Si bien, los proyectos deberían depender de los procesos que determinan la ejecución de todas las tareas que culminan en sus productos finales, y no de las personas en los diferentes roles de ejecución, es difícil no sentir admiración por el trabajo serio de quienes han formado línea en las filas de esta empresa que ha sido el diseño y construcción de la nueva tramoya metálica. En esta comunicación se revelan apenas unos cuantos nombres de personas físicas, de empresas o instituciones, relevantes para la descripción, pero será la rigurosidad científica de profesionales en historia del arte y arquitectura quienes terminen de revelar a todas y cada una de las personas que participaron de esta obra.
Ahora bien, con esta información se les invita a que la contrasten con otro contenido técnico o con otras producciones académicas o informales, que se analice lo realizado en el marco de la teoría de conservación que rige actualmente. Se les invita a reflexionar serenamente y, una vez hecho esto responderse la siguiente pregunta ¿qué sienten? Luego, a partir de lo que sienten cuestiónense cómo van a actuar para ayudar a conservar la caja mágica de nuestro Teatro.
Referencias
Gei-Brealey, O. & Romero-López, M. (2022). Proyecto de la nueva tramoya metálica del Teatro Nacional de Costa Rica. X Congreso Iberoamericano de Ingeniería de Proyectos.
Lemaire, R. (1964). Carta internacional sobre la conservación y la restauración de monumentos y sitios. In P. Gazzola (Presidencia). II Congreso internacional de arquitectos y técnicos de monumentos históricos. Congreso llevado a cabo en International Council on Monuments and sites, Venecia.
Romero-López, M. (20 de diciembre de 2022). Escaneo láser y modelado tridimensional del Teatro Nacional de Costa Rica; su aplicación en el proyecto de la nueva tramoya metálica [Conferencia académica, en línea]. Curso: SITIOS Y MONUMENTOS DEL PATRIMONIO HISTORICO, SOCIAL Y CULTURAL de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo del TEC, verano 2022-2023, San José, Costa Rica.
Romero-López, M. (2021). Modelado BIM del vestíbulo y “Foyer” del Teatro Nacional de Costa Rica utilizando escaneo láser. Proyecto Final de Graduación para optar por el grado de licenciatura. Universidad de Costa Rica.
Santamaría-Montero, L. (2017). Análisis de la conformación del diseño arquitectónico y ornamental del Teatro Nacional de Costa Rica. Proyecto Final de Graduación para optar por el grado de licenciatura. Universidad de Costa Rica.
]]>Arq. Marilyn Garita Ortega
Arq. Gabriela Jiménez Jara
Arq. Maricruz Ramírez Moreno
LO TANGIBLE DE LOS VALORES PATRIMONIALES Y CULTURALES, ¿por qué es importante en la salvaguarda del patrimonio?
La memoria colectiva de un país se basa, en su mayoría, en la historia y por ende en los valores patrimoniales y culturales de la sociedad en la que se vive, donde se hace remembranza de hechos pasados valiosos para así forjar el futuro y la identidad. En esa misma línea, el patrimonio es parte de la identidad cultural de un lugar, viéndose reflejado en elementos tangibles como obras arquitectónicas y artísticas (Molano, 2007).
A pesar de lo anterior, en la actualidad, su importancia ha ido en decadencia ya que se ha disminuido el papel protagónico que tenían los bienes muebles e inmuebles en el ámbito cultural. Esto ha afectado la concientización sobre el patrimonio, la importancia y la salvaguarda en todas sus formas. Tal como lo menciona Franco (2014) “¿Cómo es posible que gran parte de los edificios más vulnerables y deteriorados de la ciudad sean justamente los más importantes?”. Por ende, lo fundamental es recalcar que la protección del patrimonio cultural y sus valores no solo se refiere a un edificio o a su relevancia arquitectónica, sino también lo que resguarda dentro como el arte, las esculturas, su propia historia y lo que aportan a la cultura.
No ejecutar acciones concretas en los casos donde se le resta importancia a la salvaguarda del patrimonio ha tenido resultados fatídicos en nuestros tiempos; un claro ejemplo es el caso de la Catedral de Notre Dame que fue consumida por el fuego a causa de algunas renovaciones que se estaban realizando en el inmueble. Así pues, más cercano al contexto costarricense se encuentra el caso del incendio en el Museo Nacional de Brasil (Antiguo Palacio del siglo XIX) en el año 2018, ubicado en el Parque de Boa Vista en la ciudad de Río de Janeiro. Las causas del incidente siguen sin estar claras aunque algunas fuentes señalan a los recortes de presupuesto, por parte de diferentes gobiernos, como responsables del mal estado en el que se encontraba el inmueble.
Lo descrito anteriormente, se veía reflejado en las paredes descascaradas y cableado eléctrico expuesto al público, lo cual pudo haber producido el corto circuito en el laboratorio audiovisual del museo, afectando los tres pisos del edificio que desencadenó el desplome del techo (BBC News Mundo, 2018) (ver figura 1).
Figura 1: Berckemeyer, Fernando. (2018). Daños del Museo Nacional de Brasil luego del incendio (CNN Español). Recuperado de https://cnnespanol.cnn.com/2018/09/06/lo-que-el-incendio-se-llevo/
Ante este suceso, ¿cómo se vieron afectados Brasil y el resto de Latinoamérica? Esto se refleja en el inmensurable daño a la historia del país con la pérdida de 20 millones de piezas de diferentes épocas y uno de los acervos bibliográficos y científicos más importantes de la región (Villalón, 2018; EFE, 2019), así como las colecciones de antropología e historia natural más grandes de Latinoamérica, incluidos los restos humanos más antiguos encontrados en el continente americano (BBC News Mundo, 2018).
Todo esto se esfumó en cuestión de 6 horas y representó una pérdida irrecuperable en términos materiales y simbólicos (Montúfar, 2019) (ver figura 2). Así como las personas consideran el incidente de las piezas de arte y las colecciones científicas una inmensa tragedia, así también deberían verse los daños del 90% del histórico inmueble brasileño (ver figuras 3 y 4). Por consiguiente, es allí cuando surgen los cuestionamientos respecto al valor que la sociedad le da a la preservación de los valores patrimoniales y culturales.
Figura 2: Getty Images (2018). (GQ México). Recuperado de https://www.gq.com.mx/actualidad/articulos/perdidas-incendio-museo-nacional-de-brasil/12547
Figura 3: Museo Nacional de Brasil. (s.f.). Sala del Museo Nacional de Brasil antes del incidente (Ladera Sur). Recuperado de https://laderasur.com/estapasando/que-es-lo-que-se-perdio-con-el-incendio-del-museo-nacional-en-brasil/
Figura 4: PHOTO AFP. (2018). Interior del Museo Nacional de Brasil luego del suceso (La voix du nord). Recuperado de https://www.lavoixdunord.fr/442362/article/2018-09-04/la-colere-des-bresiliens-apres-l-incendie-du-musee-national-de-rio
Siniestros como este son desencadenados por diferentes factores ya que no pueden atribuirse únicamente a la materialidad de los inmuebles, sino también a la falta de inversión, de atención, así como el cuidado del patrimonio y la cultura del país. Sin embargo, estos no son los únicos tipos de problemáticas que enfrentan pues la conciencia de la sociedad sobre el valor patrimonial y cultural se ve afectada por la percepción y la significación que se le dan. Cabe mencionar que las causas de este tipo de percances siempre van a variar de caso en caso, pero estos han sido los puntos en común en la mayoría de las situaciones.
El valorar, restaurar, proteger el patrimonio cultural es un indicador claro de la recuperación, reinvención y apropiación de una identidad cultural (Molano, 2007). De acuerdo con Chang et al. (2010), es necesario el fortalecimiento de la identidad en tiempos de crisis y esto se logra por medio del conocimiento del patrimonio, su rescate y valoración.
En Costa Rica, uno de los casos más cercanos en cuanto a la salvaguarda de los valores culturales y patrimoniales es el Teatro Nacional, que está ubicado en la capital del país y fue inaugurado hace unos 124 años. Este inmueble está declarado como Monumento Nacional, Institución Benemérita de las Artes Patrias y Símbolo Nacional de Patrimonio Histórico Arquitectónico y Libertad Cultural. Puesto que las partes más importantes que lo componen son: la fachada, el vestíbulo, la escalera principal, el foyer, el auditorio y la tramoya, sin dejar de lado las obras escultóricas, pictóricas en los cielos rasos y los archivos históricos (Sistema de Información Cultural Costa Rica, 2014) (ver figura 5).
Por lo cual las y los costarricenses, el sector privado, los gobiernos locales y el gobierno de la República deben trabajar en conjunto y en pro de la preservación de los valores patrimoniales y culturales que posee el teatro y las obras que se albergan en él. Ya que por el contrario, esto trae consigo no sólo un desprestigio nacional por falta de gestión y voluntad política, sino el riesgo de que se produzca un siniestro que termine en la pérdida de un bien de gran valor para la colectividad.
Figura 5: Otegui, Sergio. (2015). El Foyer del Teatro Nacional de Costa Rica. (Nada Incluido Blog de Viajes). Recuperado de https://www.nadaincluido.com/san-jose-costa-rica/
DE LO CONSTRUIDO A LO VIVENCIAL
Ahora, si bien es cierto el valor que representa el Teatro Nacional de Costa Rica va más allá del edificio construido e incluye todo aquello que alberga y preserva como se mencionó en el apartado anterior, hay un valor que no está contenido entre sus paredes sino que está distribuido en la memoria del pueblo costarricense y de todos los que han tenido la oportunidad de visitarlo.
La construcción de este importante edificio, conocido por ser una joya arquitectónica, fue impulsada desde 1890 por el presidente de aquel entonces Joaquín Rodríguez Zeledón pero comenzó hasta 1891 y se entregó oficialmente el 20 de octubre de 1897.
Dicha construcción fue financiada a través de la aplicación de un impuesto sobre las exportaciones de café, cuya producción ha sido reconocida como uno de los motores económicos del país. El tema de la financiación es importante ya que en gran medida la construcción de este edificio es atribuida al aporte económico de la sociedad costarricense y se puede entender como un logro compartido entre sociedad civil y el órgano estatal, constituyendo un punto de partida para el gran arraigo y sentido de pertenencia que este inmueble genera (ver figura 6).
Figura 6: Ingram, David. (2018). Teatro Nacional es nuevo símbolo de Costa Rica (amprensa). Recuperado de https://www.google.com/amp/s/amprensa.com/2018/02/teatro-nacional-nuevo-simbolo-costa-rica/%3famp=1
Entonces, el Teatro Nacional no es sólo una construcción a base de cal, arena, ladrillo, hierro e inclusive piedras y maderas preciosas, fue construido con esfuerzo de aquellos quienes serían sus principales usuarios. También, como una respuesta a la necesidad de “sofisticación”, que naturalmente demanda una sociedad en desarrollo, como deseo de posicionarse cada vez de una mejor manera y en un estatus más alto. Por ende, el teatro es una respuesta a esos deseos de progreso y evolución que las sociedades típicamente anhelan.
Aún en el territorio costarricense pero migrando de provincia, encontramos diferentes inmuebles que han sido, igual que el Teatro Nacional, significativos para la sociedad en la que se insertan. Tal es el caso del edificio llamado Liberty Hall ubicado en la provincia de Limón en el Caribe de Costa Rica, mejor conocido como Black Star Line. Según historiadores fue conocido así como una forma de protesta ya que existía una línea de barcos o vapores, como se conocían popularmente en aquel entonces, denominada White Star Line en donde las personas negras tenían prohibido el ingreso.
Este inmueble, de forma muy resumida, es fruto del movimiento impulsado por Marcus Moish Garvey quien buscaba promover el desarrollo de las personas afrodescendientes, que fueran empresarios o productores, de forma igualitaria en los mercados internacionales.
Construido en 1922 con madera y zinc como materiales principales (ver figura 7) bajo un diseño con estilo victoriano inglés o victoriano caribeño (caracterizado por la implementación de corredores laterales, utilización de pilotes, entre otros elementos característicos). Este sirvió como sede de la Asociación Universal para el Mejoramiento del Negro (UNIA por sus siglas en inglés). Debido a su deterioro por el terremoto de Limón en el año 1991 recibió algunas intervenciones de forma posterior para subsanar el daño. Por otro lado, en el año 2000 fue declarado Patrimonio Histórico Arquitectónico y en 2006 se restauró ya que fue ganador del concurso denominado “Salvemos Nuestro Patrimonio”, que es organizado por el Centro de Patrimonio de Costa Rica.
Figura 7: Sistema de Información Cultural de Costa Rica. (2012). Black Star Line (Limón). Recuperado de https://si.cultura.cr/infraestructura/black-star-line-limon
Este edificio acunó una gran cantidad de actividades populares, alusivas a costumbres y tradiciones de la población limonense. Asimismo, albergó celebraciones del día del negro, talleres de danza, funcionó como centro cultural e inclusive existieron ventas de comida caribeña en su interior. Esta apropiación de la edificación, es lo que le ha dado tanto valor y significado al inmueble, era un símbolo de igualdad dentro de dicha población.
Sin embargo, en abril de 2016 sucede en él un siniestro que lo consume prácticamente en su totalidad, significando lo anterior una gran pérdida para su población; al ser un inmueble con tan alto valor histórico, ya que acunaba gran parte de la vida social de Limón. Por su relevancia para el pueblo limonense, es que existen diferentes esfuerzos que buscan la reconstrucción de la obra.
Ahora, contraponiendo ambos inmuebles, el Teatro Nacional de Costa Rica y el Black Star Line, surge la interrogante: ¿qué poseen en común? Como se mencionó anteriormente, no puede limitarse el valor del Teatro Nacional al inmueble y a los bienes muebles que en él se encuentran resguardados; hay un valor que está en la memoria colectiva de la sociedad costarricense y todos aquellos quienes lo visitan, lo recorren, lo viven y lo disfrutan. La identidad del teatro como símbolo de progreso es igual que la identidad del Black Star Line como símbolo de igualdad y ambos son valores intangibles e invaluables.
Ante esta situación, se acrecienta la lista de motivos por los cuales es necesaria una oportuna sensibilización ante los factores de riesgo y la ingente necesidad de salvaguardar los valores allí presentes, los presentes en la memoria colectiva y la vida humana.
Por otro lado, también es de vital importancia el brindar un adecuado mantenimiento a la obra. Lo sucedido con el Black Star Line, es una clara muestra de cómo un incendio que destruye una edificación, a su vez también afecta la vivencia de la cultura popular y el desarrollo social de la población. Esta era una obra de alto valor para Limón y actualmente existe un vacío por la falta de este espacio que propiciaba y albergaba el arte, la cultura y las experiencias vivenciales, todas de vital importancia y que tienen gran injerencia en la apropiación de los espacios.
ADAPTACIÓN NORMATIVA DE UN EDIFICIO HISTÓRICO
No es sencillo adaptar un inmueble histórico a las normativas de seguridad humana que se aprueban y aplican en el país y en el mundo; el arquitecto William Monge, jefe del Departamento de Conservación Patrimonial del Teatro Nacional, con más de 30 años de laborar en el inmueble, lo sabe muy bien, él durante una entrevista comenta como arduamente desde las posibilidades que tienen buscan adecuar el edificio centenario a las nuevas regulaciones, códigos y tecnología vigente.
Desde su inauguración en 1897, el Teatro Nacional ha mantenido un uso activo, su idiosincrasia se vive actualmente igual o mejor que en los tiempos de su apertura, por lo que no puede ni debe quedarse atrás con las demandas tecnológicas que exige tanto las nuevas puestas en escena teatrales como el cumplimiento de la salvaguarda de la vida humana. La ley 7600 de igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad, la ley 8228 del Benemérito Cuerpo de Bomberos, la norma NFPA de seguridad humana y el código eléctrico abogan por la protección de los ocupantes de los edificios, así mismo la ley 7555 de Patrimonio Arquitectónico respalda la protección histórica del inmueble. Todo este conjunto de leyes y reglamentos le agrega complejidad al uso y correcta salvaguarda de ésta joya arquitectónica josefina.
Desde hace varios años se viene proyectando, diseñando e implementando sistemas de carácter preventivo, pasivo y supresivo ante una inminente amenaza de incendio.
El proyecto de Ley 20.810 desestimado en segundo debate en la Asamblea Legislativa en el año 2019 pretendía dotar de un préstamo al Teatro Nacional para la implementación del Plan Integral de Conservación que a grandes rasgos incluía; sistema de protección contra incendios, sustitución del sistema eléctrico, actualización tecnológica del escenario, restauración de obra artística, construcción de edificio anexo para bajar la ocupación del inmueble patrimonial y reducir la carga eléctrica de la actividad administrativa.
Aunque la negativa del préstamo fue una indicación de alarma para la cultura, no ha sido un impedimento total para avanzar en la actualización preventiva, se han tomado las precauciones posibles con los recursos disponibles, aunque es sabido que son insuficientes para gestionar el riesgo que existe mientras no se logre una solución integral.
De los sectores del Teatro Nacional que corren más riesgo es el escenario, su construcción en madera lo hace un espacio muy vulnerable hacia el fuego. El sistema eléctrico es obsoleto, su tubería y cableado no cumple con las estipulaciones nacionales ni internacionales, no existe compartimentación de espacios por medio de puertas cortafuego, las butacas en galería y otros espacios no permiten una rápida y correcta evacuación de personas en caso de iniciarse un incendio en el edificio.
El Teatro Nacional debe tener espacios y zonas auxiliares fuera del inmueble patrimonial que asegure la estructura física y los bienes resguardados como por ejemplo planta eléctrica con su tanque de combustible, cuarto de bombas para el sistema contra incendios, transformadores, cuartos de monitoreo e incluso el taller de conservación y restauración debido a los materiales químicos que podrían manipularse y que son altamente inflamables.
Alianzas con instituciones estatales y universidades, han resultado ser de gran provecho para el Teatro Nacional, la colaboración interdisciplinaria ha aportado beneficios en el constante diseño y ajustes para dar poco a poco inicio a la implementación de los sistemas pasivos y de supresión de incendios.
Como parte de la actualización en sistemas pasivos se ha realizado y se continúa estudiando la reducción de butacas para incidir en una rápida evacuación de personas en caso de incendio. Con recursos propios del Teatro se ha logrado construir una tramoya anexa a la original, su objetivo principal es soportar la carga de los futuros telones cortafuegos y las nuevas luminarias led que demandan las obras escénicas, lo cual no solamente posibilita bajar la carga eléctrica actual, si no que reducirá el riesgo de incendio actualizando los sistemas de iluminación actuales de los cuales algunos ya están obsoletos.
Aunque se han implementado algunas soluciones, el desarrollo de un plan integral sigue siendo una necesidad indiscutible. El Teatro Nacional al ser un edificio de uso público debe cumplir y acatar la normativa vigente para estos sitios, las autoridades del Ministerio de Salud y Bomberos realizan visitas periódicas para evaluar el cumplimento de la normativa. Si no se acelera el paso para tener una aplicación del plan integral ya expuesto se corre el riesgo de cerrar el Teatro por pérdida de su permiso de funcionamiento como sitio de reunión pública.
EL PAPEL DE LA SEGURIDAD HUMANA EN EL PATRIMONIO EDIFICADO
Tal como se ha expresado, el patrimonio histórico arquitectónico existente, los bienes muebles y el valor histórico inherente al inmueble por su simbolismo desde que se construyó hasta la actualidad, hacen del Teatro Nacional una edificación invaluable y distintiva en Costa Rica.
Es por ello que, además de la importancia de generar una hoja de ruta con propuestas que permitan la protección de estos bienes culturales, también resulta necesario y urgente concientizar sus implicaciones en la seguridad humana y la protección del usuario que frecuenta esta edificación. No basta con tener la capacidad de proteger la infraestructura física si se corre el peligro de que un siniestro pueda cobrar las vidas o no permitir la adecuada protección de las personas dentro del edificio. Para lograr este cometido, el Teatro Nacional ha puesto en marcha un plan ingenieril y de seguridad humana que permitirá generar un balance entre la protección de los bienes físicos y de las personas que utilizan este espacio.
A continuación, se expondrán una serie de puntos que toman como base estas estrategias que debe implementar el teatro a corto y largo plazo, para hacer de este edificio una obra integralmente segura. Además, pautas clave por tomar en consideración según la experiencia internacional, la rehabilitación y seguridad del patrimonio cultural edificado. Estas pautas tienen como finalidad garantizar la preservación de este monumento histórico y la seguridad de los usuarios mediante una fusión del legado del siglo XIX con las necesidades de la contemporaneidad; las cuales no interferirán con el valor arquitectónico del inmueble.
Según Rodríguez y Llosent (2021), uno de los puntos más importantes es contar con sistemas pasivos y activos contra incendios. Estos son sistemas que permiten la detección temprana del fuego y que, de acuerdo con su magnitud e intensidad, controlan el siniestro a través de la intervención humana. También, están compuestos por sistemas automatizados que brindan una alerta temprana a las autoridades correspondientes con la finalidad de evitar su expansión a otras áreas de la construcción.
Es importante destacar que estos sistemas deben contar con una adecuada infraestructura eléctrica, ya que de no contar con esta puede generar un mal funcionamiento o inducir a errores en los sistemas activos de detección y control de emergencias. Tal como lo expresa Bernardini (2017) y Bahía (2021), cuando se interviene una edificación patrimonial, se debe realizar un análisis previo para planificar la sustitución y reemplazo de instalaciones eléctricas viejas y con ello migrar a sistemas más tecnológicos y eficientes.
La colocación de sistemas de detección temprana de incendios es vital para la puesta en práctica de protocolos de evacuación y control del siniestro. La ausencia de estos sistemas genera una respuesta tardía que podría imposibilitar salvaguardar los bienes y vidas presentes dentro del teatro. En cuanto a los sistemas pasivos, se deben coordinar las acciones necesarias para mantener al personal capacitado sobre su utilización y realizar el mantenimiento periódico requerido para su adecuado uso. En esta misma línea, es necesario contar con sistemas de extintores de largo alcance, caso contrario, solo se podría controlar el inicio de un incendio y no fases más avanzadas de este.
La experiencia internacional indica que se debe de migrar a la colocación de dispositivos tecnológicos, seguros y eficientes para evitar emergencias generadas por equipos viejos y descontinuados. Entre las recomendaciones, Rodríguez y Llosent (2021) mencionan que se tiene que contar con mangueras presurizadas y sistemas manuales y automáticos de extinción contra incendios. Asimismo, la puesta en marcha de reconfiguraciones espaciales que permitan la ampliación de pasillos y salidas de emergencia como parte de las estrategias para la adecuada salida y protección de los usuarios.
Por otro lado, según Bernardini (2017), además de estas estrategias y de la importancia en la actualización de normativa, regulaciones, códigos y tecnología vigentes que requieren el teatro, se debe considerar en esta hoja de ruta visualizar una propuesta adecuada de planes de emergencia y evacuación. Esto por medio de simulaciones virtuales computacionales para conseguir la estrategia más adecuada de protección física y humana en caso de incendio. La utilización de softwares especializados permiten la inclusión de variables como uso y cantidad de personas presentes en el edificio, materiales y sistemas constructivos, tiempos de salida, elementos inflamables como cortinas y pisos alfombrados y permiten definir la mejor solución con la menor intervención posible.
A manera de conclusión, la hoja de ruta no solo debe ser una estrategia para salvaguardar los bienes físicos y la seguridad de las personas en casos de emergencia, debe ser un plan que permita evitar en la medida de lo posible la generación de este tipo de siniestros. Las estrategias que establece el Teatro Nacional se ajustan correctamente para evitar en la medida de lo posible la intervención interna. Estas adecuan su uso e infraestructura física a los requerimientos en seguridad humana y permite establecer las medidas pertinentes para salvaguardar la vida de las personas y la protección del bien patrimonial de una manera íntegra.
Es imperativo generar reflexión en la sociedad sobre la urgencia del proyecto y el hecho de que el plan propuesto no solo está creado en función de proteger el edificio, los archivos históricos y las obras artísticas que este posee; sino que en una posición de mayor interés, se encuentra el resguardo de la vida humana. Se requieren medidas y sistemas de seguridad oportunas para salvaguardar la vida de las personas durante la operatividad cotidiana del edificio, así como en espectáculos y presentación de obras con gran cantidad de público. Si se integran las pautas descritas anteriormente por medio de proyectos de intervención, se pueden reducir sustancialmente estos riesgos y en especial, cuando se tratan de edificios emblemáticos de la arquitectura nacional.
Referencias:
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]]>El siglo XIX está llegando a su ocaso, mucho tiempo ha pasado desde que los primeros vecinos se asentaron en aquel sitio que entonces se llamaba Villa Nueva. Era, como podía imaginarse, un poblado rural, en el que las casas se encontraban dispersas alrededor de una pequeña ermita, la cual en 1736 el cabildo eclesiástico de León dio orden para su edificación: San José de la Boca del Monte. Los primeros datos que se tienen sobre la población datan del año 1737 en que se levanta el primer recuento de sus habitantes (Avendaño, 2007).
Una de las primeras descripciones de San José fue hecha por el Obispo Morel de Santa Cruz en 1751, que en su Vista se encuentra con: “una población con el diminutivo de Villita, porque ahora se va formando. Compónese de once casas de teja y quince de paja sin forma plaza ni calle, faltábale agua y se ha conducido por acequias”. (Revista Conservadora, 1967, p. 39).
El siglo XIX acogió con grandes cambios a San José. En 1813 recibió el título de ciudad y en 1823, luego de la Guerra de Ochomogo, la capitalidad. Con estos cambios políticos y administrativos, se da un aumento moderado de la población, se convierte en una ciudad con una economía más comercial, y en la que se da la apertura de sus primeros hoteles, restaurantes, clubes, fondas y farmacias (Palmer, 1996, p. 200). Esto en parte producto de las primeras siembras de café y su exportación en la década de 1840, y como bien apunta Molina «San José, cabeza del país, fuente crediticia, capital del comercio y centro político; el café, producto de exportación, dinamizador del mercado interno y eje de la urdimbre” (Molina, 2003, p. 214).
El desarrollo urbanístico de San José fue notable a partir de 1850. Se crearon espacios para el ocio y el disfrute como parques y plazas, también arquitectura destinada a la educación y los servicios estatales, como la Universidad de Santo Tomás y el Palacio Nacional. En el área de los servicios públicos, San José en 1860 inaugura su primera cañería y 1884 el alumbrado público, en 1886 inicia el primer servicio telefónico y para 1890 cuenta con tres hoteles el Gran Hotel, el Hotel Roma y el Hotel Francés (Ugalde, 1997, p. 10). En la ciudad ya existían teatros como el Teatro Municipal (antiguo Teatro Mora, inaugurado en 1850 y destruido por un terremoto en 1888) y el Teatro Variedades (un teatro privado construido por el empresario español Tomás Garita e inaugurado en 1892), pero no estaban al nivel que el proyecto Liberal y las expectativas de la élite esperaban, que pedían un recinto al mejor estilo europeo.
Cuando desaparece el Teatro Municipal en 1888, toma fuerza la idea de contar con un teatro que cumpliera con los requisitos para que las compañías artísticas extranjeras realizaran sus presentaciones en la ciudad capital. El tema por resolver fue ¿cómo financiar la construcción de un teatro que cumpliera con estas perspectivas? Con este fin, el 26 de mayo de 1890 se firma la Ley para la construcción del Teatro Nacional, que autorizó el cobro de un impuesto al café. A la vez, se realizó un préstamo de 200.000 pesos un banco nacional, el Banco de la Unión. En 1892 se realizó un nuevo préstamo al mismo banco por 100.000 pesos. No obstante, los préstamos y el impuesto al café fueron insuficientes, por lo que el 20 de mayo de 1893 se sustituye el impuesto al café por un impuesto a los productos de importación. De esta forma, se logró recaudar los poco más de tres millones de pesos que costó la construcción del Teatro Nacional. (Rovinski, s.f., p. 6).
Era un lunes, ese 12 de enero de 1891, en el que los vecinos de la ciudad fueron testigos de la preparación del terreno en que se construiría el Teatro Nacional, las obras finalizarían hasta 1897. Una Junta Auxiliar que funcionó entre 1890 y 1894 estaría a cargo de velar por el progreso en los trabajos de construcción. Sus primeros miembros fueron: Mariano Montealegre, Martín Bonnefil, Ángel Miguel Velázquez, Santiago Federici y Guillermo Steinvorth; siendo sustituidos por Carlos Durán, Gerardo Castro, Francisco María de Fuentes, Nicolás Chavarría y Manuel Luján. Mariano Montealegre continuaría en su puesto (Fischel, 1995, p 94).
La obra inició y también la presión de la prensa por verla finalizada. Los primeros registros de que se acercaba su término aparecen en la Memoria de Fomento del año 1896, en la que se indica que el Teatro está a escasos 6 meses de estar terminado.
Los preparativos para su apertura no se hacen esperar y nuevamente en la prensa se abren los debates acerca de la vestimenta para tan magna ocasión, que sería de la más estricta etiqueta, muy a pesar de las críticas de la prensa. (Jiménez, 1996).
Para la inauguración del Teatro Nacional el gobierno seleccionó a una compañía de ópera gestionada por el empresario M. Pedro Andrés Aubry, y era la Gran Compañía de la Ópera de París, con la Compañía Teatral del señor Ambroselly (Ugalde, 1997, p.90). Será un jueves 21 de octubre de 1897 que se presentará la ópera Fausto, con un preestreno el 19 de octubre, que el Teatro Nacional se convierte en un espacio para las artes, la cultura, y para grandes eventos como obras de teatro, conciertos, bailes, entregas de premios y por supuesto, los traspasos de poder. En las imágenes 1, 2, 3 y 4, tomadas del álbum del fotógrafo Manuel Gómez Miralles, se observa el Teatro 25 años después de su inauguración.
Imagen 1
Fachada del Teatro Nacional en el año 1922.
Álbum de Manuel Gómez Miralles.
Imagen 2
El vestíbulo del Teatro Nacional en el año 1922.
Álbum de Manuel Gómez Miralles.
Imagen 3
Escalera del Teatro Nacional que lleva al foyer, año 1922.
Álbum de Manuel Gómez Miralles.
Imagen 4
Foyer del Teatro Nacional en el año 1922.
Álbum de Manuel Gómez Miralles.
El uso como preservación de un teatro
El patrimonio cultural debe ser un patrimonio vivo, con esto nos referimos a que el patrimonio cultural es una expresión de la vida en sociedad. En el caso del patrimonio arquitectónico, se trata de edificios y conjuntos a los que se han atribuido valores como el histórico y cultural. Son edificios representativos para un grupo social porque forman parte de su memoria, y son inmuebles que a pesar de su antigüedad siguen en uso. Este uso puede ser el original, para el que el edificio fue construido, puede ser un uso adaptado, o bien albergar distintas actividades manteniendo el uso original. Este es el caso del Teatro Nacional, que desde su fundación en el año 1897 no ha dejado de operar.
A partir de los planteamientos de autores como Néstor García Canclini y Josep Ballart, la española María Ángeles Querol (2010, pp. 471-472) propone tres tipos de usos sociales del patrimonio: el uso de visita, el uso de vida y el uso de trabajo. Podemos afirmar que el Teatro Nacional presenta estos tres usos, y este texto lo ejemplifica.
El uso de visita es el uso turístico, precisamente las visitas guiadas son una actividad muy importante como parte de la proyección del Teatro Nacional a la sociedad. Como bien lo indica la actual directora del Teatro, la señora Karina Salguero, el Teatro Nacional es una escuela para aprender de restauración, de aspectos técnicos como la mecánica teatral y de la dinámica en general de un teatro (Teatro Nacional de Costa Rica, 2021).
Dentro del valor de visita también podemos ubicar el uso para actividades puntuales, como las expuestas en las siguientes líneas, donde se mencionan las tomas de posesión presidencial y la visita de presidentes como Bill Clinton y Barack Obama. El Teatro Nacional también es escenario de diversas actividades culturales como conciertos, conferencias, congresos, entre otros. Esto demuestra que el Teatro Nacional, reconocido como monumento nacional en el año 1965, y como símbolo nacional en el año 2018, es una institución de puertas abiertas.
El uso de vida, según lo indica Querol, se refiere al uso que le dan a un edificio las personas que lo habitan tanto en su interior o junto al mismo. En el caso del Teatro Nacional, se trata del valor que este inmueble tiene en su contexto urbano y en la memoria social. El Teatro se encuentra en el centro de San José, junto a uno de los espacios más concurridos de la ciudad: la Plaza de la Cultura.
El Teatro Nacional es un importante punto de referencia para quienes transitan a diario por San José. También es un referente importante cuando se hace mención a memorias sobre la ciudad, algo inevitable cuando se trata de un edificio que lleva 125 años siendo testigo de los cambios que ha experimentado la capital de Costa Rica.
El uso de trabajo se refiere al uso que dan al patrimonio las personas que desarrollan actividades relacionadas con su gestión, su investigación y su restauración, entre otros. En el Teatro Nacional también se encuentra este uso, que se manifiesta en las distintas labores que realizan sus funcionarios, relacionadas con aspectos como la conservación arquitectónica y de sus elementos artísticos. También en un aspecto puntual relacionado con un oficio: en el Teatro Nacional sigue vivo el oficio del tramoyista. Si bien el Teatro recientemente instaló una tramoya metálica, la tramoya de madera, que se opera de forma manual, sigue en uso, y quienes se encargan de la misma, los tramoyistas, se capacitan gracias a un convenio que realizó el Teatro Nacional (Rodríguez, 2021) con el Parque La Libertad y el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA).
Testigo y compañero de momentos importantes en nuestra historia
La Historia de nuestro país ha tenido la gran dicha de gozar de una democracia que se ratifica con sus elecciones cada cuatro años. En estas festividades en que se reciben a los diferentes invitados nacionales e internacionales en varias oportunidades se han acogido a estos para un almuerzo o un coctel en el Teatro Nacional, escogido por su grandiosidad y por representar uno de nuestros maravillosos patrimonios.
Desde hace más de cien años el Teatro Nacional ha sido escenario de actividades relacionadas con las tomas de posesión presidencial. A partir de la investigación realizada por José Andrés Díaz González (2014), podemos mencionar los siguientes ejemplos:
Imagen 5
Programa del festival de gala ofrecido en el Teatro Nacional en honor del señor Federico Tinoco y su esposa María Fernández.
La Información, 14 de abril de 1917, p. 7.
Imagen 6
Función de gala ofrecida en el Teatro Nacional como parte de la toma de posesión de Julio Acosta.
Diario de Costa Rica, 8 de mayo de 1920, p. 3.
Imagen 7
Función de gala ofrecida en el Teatro Nacional, en honor del Presidente Rafael Ángel Calderón, las misiones diplomáticas, el Gabinete y el cuerpo diplomático.La Tribuna, 8 de mayo de 1940, p. 8.
Imagen 8
Portada del menú del almuerzo ofrecido por el Presidente Abel Pacheco como parte de su toma de posesión el 8 de mayo de 2002.
Imagen facilitada por el Archivo Institucional del Teatro Nacional de Costa Rica.
Imagen 9
Menú del almuerzo ofrecido por el Presidente Abel Pacheco como parte de su toma de posesión el 8 de mayo de 2002.
Imagen facilitada por el Archivo Institucional del Teatro Nacional de Costa Rica.
Imagen 10
Funcionarios del Teatro Nacional preparan las mesas en las que se sirvió el almuerzo ofrecido por el Presidente Abel Pacheco el 8 de mayo de 2002.
Fotografía facilitada por el Archivo Institucional del Teatro Nacional de Costa Rica.
Imagen 11
Publicación en prensa que muestra el menú de la cena de gala realizada como parte de la toma de posesión de don Miguel Ángel Rodríguez en el año 1998.
Diario Extra, 7 de mayo de 1998, p. 5.
Imagen 12
Organización de las mesas en la sala del Teatro Nacional para la cena de gala realizada como parte de la toma de posesión de don Miguel Ángel Rodríguez en el año 1998.
Fotografía facilitada por el Archivo Institucional del Teatro Nacional de Costa Rica.
Imagen 13
Una de las mesas para la cena de gala realizada en el Teatro Nacional como parte de la toma de posesión de don Miguel Ángel Rodríguez en el año 1998.
Fotografía facilitada por el Archivo Institucional del Teatro Nacional de Costa Rica.
En el caso de las recientes tomas de posesión, la cena que ahí se sirve en no pocas oportunidades el menú ha sido realizado por nuestra Chef Isabel Campabadal (2022) con la que conversamos y nos narró varias de sus experiencias muy interesantes de estos eventos. Entre ellas por ejemplo en las tomas de posesión de don Rafael Ángel Calderón Fournier en 1990 y en el 2002 en la de don Abel Pacheco.
Los menús escogidos por ella están basados en sabores costarricenses que ella describe de la siguiente manera; “cocina que sabe a mar, a tierra, a montañas. Una cocina contemporánea con una visión innovadora”.
Hay al respecto de escoger los menús detalles muy importantes, en la búsqueda de cuidar al teatro no se puede servir nada caliente para que los vapores no dañen sus pinturas y cortinajes. En otras oportunidades se han servido cocteles que doña Isabel ha dirigido.
Por ejemplo, el menú servido en el almuerzo ofrecido en el Teatro Nacional con motivo de la toma de posesión del Presidente Abel Pacheco en mayo de 2002, incluyó paté, crema, escabeche y frutas, entre otros platos. El menú completo se muestra en las imágenes 14 y 15. En las imágenes 16, 17 y 18 se observan los platillos que ingresan al Teatro previamente preparados, y los comensales disfrutando del almuerzo en la sala principal del Teatro. En la imagen 19 se muestra la ubicación de las mesas, en la sala principal del inmueble.
Cuatro años después, en 2006 cuando don Abel Pacheco dejó la presidencia, ofreció una cena de gala y un concierto de piano en el Teatro Nacional para los Jefes de Estado que visitaron el país con motivo del traspaso de poderes. En las imágenes 20 y 21 se muestra el programa de la actividad.
También nuestro teatro ha servido para que en él se realicen reuniones muy importantes, como el encuentro de los presidentes centroamericanos con el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, en 1997. En este caso mandaron al chef de la Casa Blanca a la casa de doña Isabel para explicarle que el presidente Clinton era alérgico a la leche por lo tanto el menú no podía tener nada lácteo. Ella siguió las instrucciones y una vez realizado el menú se mandó a Casa Presidencial y de ahí lo enviaron a la embajada norteamericana. Una vez aprobado, se le entrega a doña Isabel para que lo prepare para el evento. Ya ese día el chef mencionado estuvo a la par de doña Isabel y le pidió que ella se lo sirviera al presidente Clinton, el cual comió de todo y además repitió galletas de macadamia. Posteriormente Clinton en agradecimiento le mandó unos chocolates para sus nietos y para ella una botella de champagne con el sello de la Casa Blanca.
Una nueva reunión de presidentes centroamericanos fue recibida en nuestro Teatro Nacional en el año 2013, con la visita del presidente Barack Obama, esta también tuvo un menú escogido por la señora Campabadal, que se muestra en la imagen 22, así como las fotografías de algunos platos que se muestran en la imagen 23.
Menciona doña Isabel que muchos otros momentos como el Festival de la Música del BAC, hicieron a la entrada del teatro un coctel al finalizar este festival.
Como vemos el Teatro Nacional realmente ha sido testigo y compañero de muchos momentos muy importantes de nuestra Historia.
Imagen 14
Portada del menú servido en el almuerzo ofrecido en el Teatro Nacional con motivo de la toma de posesión del Presidente Abel Pacheco en mayo de 2002.
Fotografía facilitada por el Archivo Institucional del Teatro Nacional de Costa Rica.
Imagen 15
Menú servido en el almuerzo ofrecido en el Teatro Nacional con motivo de la toma de posesión del Presidente Abel Pacheco en mayo de 2002.
Fotografía facilitada por el Archivo Institucional del Teatro Nacional de Costa Rica.

Imagen 16
Platillos que formaron parte del almuerzo ofrecido en el Teatro Nacional con motivo de la toma de posesión del Presidente Abel Pacheco en mayo de 2002.
Fotografía facilitada por el Archivo Institucional del Teatro Nacional de Costa Rica.
Imagen 17
Platillos que formaron parte del almuerzo ofrecido en el Teatro Nacional con motivo de la toma de posesión del Presidente Abel Pacheco en mayo de 2002.
Fotografía facilitada por el Archivo Institucional del Teatro Nacional de Costa Rica.
Imagen 18
Almuerzo ofrecido en el Teatro Nacional con motivo de la toma de posesión del Presidente Abel Pacheco en mayo de 2002.
La Nación, jueves 9 de mayo de 2002.
Imagen 19
Almuerzo ofrecido en el Teatro Nacional con motivo de la toma de posesión del Presidente Abel Pacheco en mayo de 2002, la infografía muestra la distribución de las mesas en la sala principal del inmueble.
La Nación, miércoles 8 de mayo de 2002.
Imagen 20
Cena de gala y concierto de piano en el Teatro Nacional con motivo de la finalización del mandato del Presidente Abel Pacheco, en el año 2006. Portada del programa de la actividad.
Documento facilitado por el Archivo Institucional del Teatro Nacional de Costa Rica.
Imagen 21
Cena de gala y concierto de piano en el Teatro Nacional con motivo de la finalización del mandato del Presidente Abel Pacheco, en el año 2006. Programa de la actividad.
Documento facilitado por el Archivo Institucional del Teatro Nacional de Costa Rica.
Imagen 22
Menú ofrecido en el Teatro Nacional con motivo de la visita del presidente estadounidense Barack Obama, en el año 2013.
Documento facilitado por la señora Isabel Campabadal.
Imagen 23
Fotografía de los platillos que formaron parte del menú ofrecido en el Teatro Nacional con motivo de la visita del presidente estadounidense Barack Obama, en el año 2013.
Documento facilitado por la señora Isabel Campabadal, tomado de Sabores, julio 2013, p. 92.
Referencias
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«Teatro Nacional. Gran función de gala». Diario de Costa Rica, 8 de mayo de 1920, p. 3.
«Teatro Nacional. Regia función de gala». La Tribuna, 8 de mayo de 1940, p. 8.
]]>La pérdida del arte urbano y con ello, de la memoria colectiva de nuestra sociedad es un acto que debe preocuparnos, pero más que todo, que nos impulse a cambiar las condiciones que hacen eso posible. A razón de la desaparición desafortunada e irreversible del mural creado por el arquitecto y artista costarricense Rafael “Felo” García en el edificio El Crisol, el arquitecto Andrés Fernández, publicó una crítica titulada “Los responsables de la destrucción del mural de Felo García” (La Nación, “Opinión”, 07/03/2018) en el que señala una serie de actores institucionales como los artífices de la desaparición de esta obra de arte. El contenido de la misma aboga por un compromiso más serio de estos actores en la protección del patrimonio y a la vez, en la creación de un inventario de obras públicas, la activa protección del patrimonio moderno y por último, un compromiso municipal a la hora de fiscalizar las obras que se ejecutan en edificios patrimoniales y aquellos que, aunque no gocen de esa condición, sean de interés público reconocerlos como hitos sociales y urbanos.
Responsabilidades compartidas. Entre los actores mencionados por Fernández, se encuentra el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio de Costa Rica (CICOP-CR), el cual es una asociación sin fines de lucro que tiene actividad en nuestro país desde el 2012. Desde ese año, el CICOP-CR se ha comprometido, primordialmente, en la creación de espacios de difusión y apropiación cultural del patrimonio en actividades diversas, entre las que podemos señalar la exposición “San José a través del lente de Gómez Miralles”, las mesas de discusión gratuitas llamadas “Enfoques”, realizadas en conjunto con el Centro Cultural Británico, los circuitos de turismo cultural realizados durante los Art City Tours (que han incluido desde obras de teatro urbano realizadas en conjunto con el Teatro Agosto, hasta actividades de apropiación en el Paseo de los Estudiantes, barrios Amón y Otoya), exposiciones museográficas en las ExpoHistoria del 2015 y el 2016, charlas dirigidas a empresarios turísticos, entre otras. Todas estas actividades y su financiamiento, ha dependido del compromiso de sus miembros a lo largo de todos estos años. La memoria colectiva del Paseo de los Estudiantes ha sido de gran interés para nosotros, ya que muchas de estas actividades se han elaborado en pos de difundir y popularizar la historia de resistencia que plantaron las y los estudiantes, docentes, artesanos y obreros a la dictadura de Federico Tinoco Granados (1917-1919), memoria que le dio forma a este espacio y que ahora se encuentra subordinada por la impronta kitsch del Barrio Chino.
Contradicciones. Ciertamente, el hecho de que Fernández apele al CICOP-CR como una asociación que duplica al ICOMOS, es una seña de su desconocimiento sobre nuestra labor, que si bien modesta, ha sido reconocida por innumerables ciudadanos que han participado en nuestras actividades a lo largo de estos seis años. Es contradictorio además que Fernández se preocupe ahora por el patrimonio del Paseo de los Estudiantes, cuando su apoyo al proyecto del Barrio Chino fue público, el cual se ha caracterizado por su deficiente diseño urbano y porque no le ha sido posible integrar un matiz diverso de expresiones culturales y sociales que toman lugar en ese espacio. Los lotes baldíos, los espacios arquitectónicos decadentes y ahora que una sección del bulevar haya sido habilitado para el transporte para “atraer más usuarios”, son muestras de esa deficiencia. La vivencia social del espacio, se reduce a ciertos días del año en los que tienen lugar festivales gastronómicos, musicales o actividades que conmemoran la cultura china o la religiosidad cristiana. El resto del tiempo el Paseo de los Estudiantes usualmente es un “no lugar”, un paseo sin vida o en agonía constante. La pérdida del mural de “Felo” García viene aparejado a este proyecto, el cual de haber sido planificado adecuadamente, hubiera dispuesto de las herramientas para visibilizarlo y a la vez. sensibilizar a transeúntes y propietarios sobre su significado social y artístico.
Difusión. Por lo tanto, que Fernández realice su crítica desde afuera, no es de recibo, ya que al haber apoyado públicamente un proyecto “urbano” que no favoreció a la preservación del patrimonio del Paseo de los Estudiantes, forma parte de esos actores responsables. Dicho esto, su propuesta para que exista un mayor compromiso respecto a la protección del patrimonio es vital, pero deben señalarse otros elementos igualmente importantes. Un inventario es necesario, ciertamente. Pero, ¿quién hace ese inventario? ¿Debe ser una institución, o la ciudadanía? ¿Quién lo difunde? ¿Quién lo actualiza? En nuestra opinión, debe ser un trabajo en conjunto entre estos actores. Como lo establece la UNESCO para las expresiones candidatas al Patrimonio Cultural Inmaterial, un inventario es tan solo el primer paso para conocer los valores y los significados sociales que tiene una expresión cultural en la sociedad que la creó. Esta herramienta, debe ser acompañada por actores institucionales, pero realizada por aquellos que son portadores o participantes de ese patrimonio apelando, por tanto, a una participación activa de la ciudadanía (los vecinos del Paseo, en nuestro caso) que es dueña de esa memoria. Debe ser actualizada por ella, ya que es quien la usa, la conoce y la vigila. Su difusión depende de la ayuda de asociaciones e instituciones que democraticen el conocimiento del inventario y por último, que sea soporte a políticas públicas locales y nacionales que permitan gestionar ese patrimonio. Un inventario por sí solo, no aporta en nada a la protección patrimonial sino es acompañado por estas otras acciones.
Acción “desde abajo”. Proteger una obra de “Felo” García debe ser motivada más allá del discurso de su contribución académica o artística. Es claramente el primer paso y es una responsabilidad incuestionable de nuestra sociedad, ante tan prolífico artista. Pero en los artículos que se han escrito sobre este episodio, ninguno ha abordado el significado social de este mural. Por ejemplo, ¿por qué esta arquitectura de estilo internacional debe formar parte de nuestro patrimonio construido? ¿Por qué este mural se incorporó en la obra del arquitecto? ¿Cuáles fueron los valores que motivaron su creación? ¿Qué filosofía hay detrás de esa obra o del mismo diseño del edificio? Los valores, significados o representaciones, nunca pasan de moda, si estas son reconocidas por la ciudadanía. Pueden ser reapropiadas constantemente, si existe una ciudadanía activa en el proceso de reconocer esos valores y en su gestión. Solo así, comprendiendo dichos valores lograremos visibilizarlos; y de este modo preservaremos el patrimonio cultural.
*Sobre los autores:
Alejandro Bonilla, Máster en Historia y docente de la Universidad de Costa Rica. Expresidente del CICOP Costa Rica.
Nancy Reyes, Arquitecta graduada de la Universidad de Costa Rica. Miembro integrante del CICOP Costa Rica.
]]>M.Sc. Alejandro Bonilla Castro
Historiador – Universidad de Costa Rica y CICOP Costa Rica
Hace poco y en el marco de la visita de los especialistas españoles la Dra. Carmen Pérez García y el Dr. Juan Pérez Miralles, facilitada por el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos y el Colegio de Arquitectos de Costa Rica, los costarricenses fuimos testigos del re descubrimiento de unas obras de arte invaluables para la historia de nuestro país: los telones del Teatro Nacional. A partir de esa visita, los especialistas realizaron estudios y diagnósticos a las 38 piezas resguardadas aún por el Teatro, con la intención de restaurarlos en un futuro. Sin embargo, de la maravillosa colección, resalta uno en especial: el telón de boca.
¿Por qué sobresale este telón de los otros? En esta nueva entrega de nuestro blog, trataremos de darle respuesta a esta pregunta, a raíz de una visita que realizamos el 3 de febrero pasado.
Imagen 1: Telón de boca del Teatro Nacional. Principios del siglo XX. Fuente: Fotos Antiguas de Costa Rica. Facebook.
En su libro El Teatro Nacional, el poeta Alfonso Ulloa Zamora, realizó una transcripción de un artículo publicado por El Heraldo de Costa Rica el 13 de mayo de 1894, en el que se describe la pieza preparada por los artistas Antonio Rovescalli y Carlo Orgero que se colocaría en el escenario del nuevo teatro:
“La composición nueva, brillante, es una verdadero soplo de poesía como todas las creaciones del renombrado maestro. A la izquierda sobre una mole marmórea con escalinatas amplia y majestuosa está la isla de Costa Rica, representada por una joven que envuelta en purpurino manto apoya la diestra en el escudo nacional y con la izquierda saluda la llegada de las artes teatrales que se divisan en medio del mar, navegando en hermosa lancha tirada por dos caballos marinos guiados por un genio.
Representan las artes cuatro gentiles figuras de mujer, la Tragedia y la Música sentadas, la Comedia y el Baile de pie, con el deseo de tocar la tierra fértil y hospitalaria de la isla. En lo alto, el ángel de la civilización circundado de genios ilumina el mar y la costa, ahuyentando al monstruo de la barbarie. La figura de este último es magnífica por la fuerza del trazo y del efecto. Complementan el cuadro un arco iris y el sol de Costa Rica que surgen en el horizonte allá lejos. A la derecha el Viejo Mundo, figurado por sus monumentos. A la izquierda, la perspectiva del Teatro de Costa Rica; abajo, frutas y genios.” (Ulloa, 1972: 112,113).
El telón, tal como se puede ver en esta descripción, es una muestra de lo que en historia del arte se llama “iconografía”, la cual analiza la función social del arte como difusor de ideas. (Esteban, 2002: 5,6). En este sentido, la semblanza que se hiciera de la obra de Rovescalli y Orgero en El Heraldo de Costa Rica, tenía la intención de ser una pieza más en el imaginario de progreso material y cultural que los liberales buscaron proyectar con el nuevo teatro (Fumero, 1996: 62, 63). La inspiración de los liberales, provino de Europa, cuna de la llamada “civilización cultural”, personificada por Francia y la “capitalista”, representada por Inglaterra.
De esta forma, el conjunto artístico o alegórico (¡ya en unas líneas vuelvo a esto!) compuesto por el ángel de la civilización (La Fama… si el mismo ángel que está en el foyer y en la cúspide de la fachada del teatro), la Tragedia, la Comedia, el Baile y la Música (también, todas estas estatuas ubicadas en el vestíbulo) vienen de Europa, fuente del progreso material y cultural que buscaron los liberales como parte de su proyecto de sociedad y nación. Indudablemente, la figura identificada como la “Barbarie”, puede ser simbolizada por la cultura popular, esa que los liberales quisieron erradicar y controlar, en pos de construir la “civilización” costarricense. (Molina, 1999:16).
Quien recibe a este séquito civilizatorio, es Costa Rica. Y aquí es donde retomo a lo pendiente: la alegoría. La alegoría, en breve, es la representación femenina de las virtudes humanas. Posterior a la Revolución Francesa, se abrió paso el uso de estas figuras para representar el nacimiento de las nuevas naciones modernas. Costa Rica, como heredera cultural y política de la Revolución Francesa, adoptó desde mediados del siglo XIX, la alegoría para representar a la naciente nación, de las cuales la más célebre, es la que encabeza el Monumento Nacional (Lemistre Pujol, 1981: 47-72). En el Teatro Nacional, además de la del telón de boca, hay otras dos: la ubicada en el Café del Teatro y la llamada “Justicia” ubicada en el cielorraso del Palco Presidencial y obra de Roberto Fontana (Díaz, 2011). Es por esa razón que Costa Rica sale ataviada con una túnica blanca y roja, con la bandera nacional en su mano derecha y usando el gorro frigio, símbolo de la libertad. Costa Rica, amanece en un nuevo mundo de progreso material y cultural, con la construcción del Teatro Nacional, inaugurado hace ya 120 años.
A pesar de su enorme belleza y significado, el telón de boca fue sustituido en 1926, por su mal estado (Fischel, 1997: 48). En 1934, el artista costarricense Antolín Chinchilla Gutiérrez realizó unos trabajos de mantenimiento, siendo estos infructuosos. El grave estado de deterioro que presentaba este telón, obligó a la administración del Teatro a sustituirlo permanentemente, por lo que fue almacenado, siendo extraído momentáneamente en la década de 1980 para valorar su estado. Se mantuvo en la oscuridad hasta que con motivo de la visita de los doctores Pérez García y Pérez Miralles, se dieron los primeros paso a lo que puede ser, una necesaria restauración. Solo el tiempo dirá si volveremos a ver, ese amanecer de las artes del que Costa Rica fue testigo, allá por 1897.
Imagen 2: Telón de boca del Teatro Nacional. 2017. Fuente: Archivo del Teatro Nacional de Costa Rica. 2017
Bibliografía
Díaz Arias, David. “Madre, mujer y nación: El ángel de independencia costarricense.” Mesoamérica, Nº 53 (Enero-Diciembre, 2011): 226-236.
Lemistre Pujol, Annie. Don bronces conmemorativos y una gesta heroica. La estatua de Juan Santamaría y el Monumento Nacional. (Alajuela, Costa Rica: Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 1981).
Fischel Volio, Astrid. La Caja Mágica. 1ª ed. (San José, Costa Rica: Editorial Teatro Nacional, 1997).
Fumero, Patricia. Teatro público y estado en San José 1880-1914: una aproximación desde la historia social. 1ª ed. (San José, Costa Rica: EUCR, 1996).
Molina Jiménez, Iván. Costarricense por dicha. Identidad nacional y cambio cultural en Costa Rica durante los siglos XIX y XX. 1ª ed. (San José, Costa Rica: EUCR, 1999).
Ulloa Zamora, Alfonso. El Teatro Nacional. Apuntes para la biografía de un Coliseo. (San José, Costa Rica: Editorial Costa Rica, 1972).
Esteban Lorente, Juan Francisco. Tratado de iconografía. Colección Fundamentos N° 110. (Madrid, España: Ediciones ISTMO S.A.,2002).
]]>El proceso de trabajo ha sido muy enriquecedor y ha facilitado que los miembros del equipo compartan sus conocimientos: al tratarse de un equipo multidisciplinario, siempre hay algo que aprender de los demás. Desarrollo de planteamientos como el modelo de negocio de la organización o creación de nuevas alianzas, son grandes motivadores para seguir contribuyendo con la difusión y conservación del patrimonio local.
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